Conocer la evolución de los oficios de los artesanos en las diferentes provincias de Centroamérica entre 1560 y 1850 para apreciar el legado de sus luchas. Los conquistadores y colonizadores manual de herreria artesanal pdf nuevas relaciones interpersonales, familiares y sociales, desarraigadas de las culturas originarias.

Durante trescientos años tomó forma una economía mercantil capitalista subordinada a la evolución del transporte marítimo y los intercambios con Europa. El ascenso social y político de la burguesía europea después de la revolución inglesa de 1649 y del derrumbe del absolutismo francés, entre 1789 y 1792, no tuvo paralelo en España y Portugal. El 5 de mayo de 1808 la corona española abdicó ante los ejércitos de Napoleón Bonaparte. Entre 1824 y 1842 el ejército de Guatemala participó en 51 batallas, el de El Salvador en 40, el de Honduras en 278 y el de Costa Rica, en 5. Por lo tanto, en Centroamérica, las economías nacionales y sus Estados no se derivaron de transformaciones estructurales legitimadas en idearios revolucionarios. El capitalismo agroexportador emergió con “malformaciones” de latifundios, campos mineros en abandono, haciendas y plantaciones de fibras, cueros y pulpas dulzonas. El mercado de trabajo con rasgos capitalistas se consolidó en Centroamérica entre 1880 y el fin del siglo.

La producción artesanal La producción artesanal se reorganizó con la creación de asentamientos y las reducciones indígenas. Las primeras ordenanzas del Ayuntamiento de Guatemala fueron emitidas en 1559 con referencia al trabajo de zapateros y curtidores. Hacia 1573 Alonso Anguciana de Gamboa se propuso traer a Costa Rica un “carpintero de lo blanco”, dos tejedores, un jaquimero y un cordonero, así como labradores y “carpinteros de ribera”. Por su parte, Diego de Artieda en 1581 informó que traería 70 u 80 hombres, labradores, casados y oficiales de oficios.

En Cartago los barrios de indígenas y pardos estaban localizaban fuera de la ciudad. San Juan de Herrera de los Naboríos, fundado en 1590, proveía mano de obra para servicios domésticos o artesanos a los españoles, lo mismo que la Puebla de los Pardos, fundada a finales del siglo XVII. A fines del siglo XVI los pueblos de Quezaltenango, Totonicapán, Huehuetenango, Chiapas y Verapaz destacaron en la producción de hilados, telas de lana y algodón. En Nicaragua, “Vázquez de Espinosa menciona objetos elaborados con algodón, cueros o plantas como tejidos, zapatos, sogas, jarcia, lonas, cordeles, tintes, los cuales se fabricaban en El Realejo, Chinandega y El Viejo. La división del trabajo adquirió rasgos precisos ya en la segunda mitad del siglo XVI. Los pueblos y aldeas se especializaban: unos eran agricultores, otros sirvientes.

Los indios de Santamaría de Jesús proporcionaban madera a la ciudad. Los del barrio de Santo Domingo de los Hortelanos, sembraban y vendían hortalizas. En las ciudades, villas, costas y puertos del Atlántico, los esclavos negros trabajaban en oficios domésticos, manualidades y el comercio ambulatorio. Muleros y artesanos podían comprar su propia libertad sirviendo como carpinteros, albañiles, vendedores callejeros o cargadores.

Después de 1650 la construcción de iglesias, fortificaciones, presidios y casas de gobierno sustituyeron no solo las pirámides, montículos y campos ceremoniales de las culturas indígenas, sino también las primeras obras públicas hechas con madera y paja. La mano de obra indígena o mestiza era reclutada por los curas y los mismos frailes se ocupaban como maestros de obras o arquitectos empíricos. Los gobernadores tomaron disposiciones para cultivar y legar destrezas y experiencias de los artesanos. Afirma la historiadora Elizeth Payne, que desde 1678 los artesanos fueron obligados a practicar un solo oficio, a especializarse por medio del aprendizaje, a no abandonar las faenas y abrir tienda, obraje o taller para atender al público. El reclutamiento y aprendizaje de los oficios eran controlados y conservados como parte de una orientación de política pública, pues se pretendía ir más allá de la simple preservación de conocimientos. Esos trabajadores desempeñaban oficios tanto para el servicio público como el privado.

Los “carpinteros de ribera” se encargaban de las construcciones y reparaciones de las embarcaciones. Sastres, zapateros y tejedores eran oficios para satisfacer las necesidades de las élites españolas. Por eso ciertos artesanos eran personas de prestigio en el medio social. Los zapateros tenían buen reconocimiento pues muy pocos usaban calzado.

Las actividades religiosas demandaban la elaboración de imágenes y hubo especialistas en el arte de tallar madera y pintar las figuras. Algunos oficios requerían materia prima especial. Para los herreros, el artículo más preciado era el “fierro” para fabricar sólidos instrumentos de trabajo agrícola, pecuario o para la vida cotidiana. El metal lo proveían comerciantes locales que lo adquirían en el exterior. Asimismo, los sastres dependían del comercio de telas e hilos, o de las importaciones de encajes, agujas y dedales.

Los zapateros obtenían cueros en las tenerías. En algunos momentos escasearon las materias primas. El tejido e hilado lo elaboraban los indígenas. En Boruca, los clérigos forzaban a los indios a teñir hilos con el caracol de múrice y a las mujeres a tejerlo. Con esos productos se pagaban las misas y otros servicios eclesiales. Al final del siglo XVII “la producción indígena competía con los productos que traían los españoles pues la economía europea pasaba una crisis de larga duración. Por esos años el Ayuntamiento de Guatemala propuso varias reglamentaciones al trabajo y los oficios de artesanos.

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